Sobriedad

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” 2 Timoteo 4:3-5

La falta de sobriedad según la porción de las escrituras, abre una puerta a nuestra concupiscencia. ¿Por qué? Porque nuestro oído rechaza la Verdad y empezamos a divagar en un mundo de fábulas y fantasías.

La sobriedad trae aflicción. ¿Por qué? Porque me separa de los que se amontonan. Me separo porque no quiero seguir practicando el pecado.

La sobriedad me confronta con mi llamado. ¿Por qué? Porque cerradas las puertas de la concupiscencia, estoy libre de las ataduras, sano en la fe y apto (1 timoteo 3:2) cumplir la obra por la cual N.S. Jesucristo me ha encomendado (Mateo 29:19).

Gracias a Dios y a aquellos que en su oído la Verdad está presente, para que todos seamos sobrios y corramos la carrera con responsabilidad.

¡Dios les bendiga!

El decir y el hacer

“De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” Mateo 5:19

Creo que esta es la meditación para el año que comienza. Si enseño los mandamientos de Dios y al mismo tiempo los quebranto, mi gloria es disminuida en el reino de los cielos -ojo, aunque aquí en la tierra parezca grande. Por los tanto, si aspiramos a la excelencia de la Gloria Venidera, debemos enseñar y guardar lo que enseñamos.

Ese es la única garantía de que predicamos un evangelio real. Es tiempo de meditar en lo que decimos y hacemos.

Dios les bendiga.